28 de Octubre de 2019

Una cooperativa que rompe los moldes

En La Rañatela trabajan personas con discapacidad.

Hace diez años, la trabajadora social Lorena Coria regresaba al país. Había vivido en Ancona, Italia, y allí aprendió lo que era formar parte de un equipo de trabajo con personas con discapacidad. En el tiempo que duró su residencia en ese país, se desempeñó en la “Ragnatela” una cooperativa que integraba a discapacitados en las actividades cotidianas de fabricación de accesorios para el hogar, ecobolsas, y también brindaba servicios de lavandería para hogares de ancianos. En ese periodo, capitalizó experiencia que luego decidió volcar en su tierra natal.

Instalada nuevamente en Maipú, Mendoza, recibió ayuda del municipio para iniciar lo que en ese momento a ella le parecía un sueño. Hoy “La Reñatela” produce objetos para distintas e importantes firmas locales y nacionales, y promete seguir ampliando este camino.

La profesional explicó que ella buscaba abrir las puertas de un lugar que diera trabajo a personas con discapacidad, porque sabía que había una carencia social en este sentido. Para esto, buscó obtener un subsidio de la Comunidad Económica Europea, pero no lo consiguió. Sin embargo, pudo iniciar el proyecto porque la municipalidad de Maipú -concretamente, Alejandro Bermejo, que en ese momento era secretario de Gobierno- le dijo que la comuna le brindaría las herramientas para iniciar las actividades. Así lo hizo y apenas comenzó con algunos emprendimientos chicos, y poca maquinaria.

Poco a poco, la “Reñatela” fue creciendo, adquiriendo máquinas, sumando actividades y operarios. Desde ese tímido comienzo, al presente, pasó tiempo, se sumó experiencia y cada vez más coordinadores y operarios. Actualmente, el equipo que coordina está integrado por 16 personas, que organiza las actividades y 76 operarios, que son personas adultas con discapacidad.

Realizan grandes pedidos de ecobolsas para distintas firmas conocidas, como Átomo, Carrefour, Boca juniors y la marca de productos de belleza Natura. También están realizando el packaging para los desayunos de la empresa de transporte Cata Internacional y la idea que tienen en la actualidad es armar un showroom para que la gente pueda comprar por menor.

En La Rañatela todos cobran por el trabajo que hacen, según las actividades y las horas que le dedican a esto. Hay que destacar que, por tratarse de un taller protegido, las personas que trabajan en la Reñatela cobran por las prestaciones que realizan, pero no pierden ninguno de los beneficios que el Estado otorga.

A la profesional mantener el proyecto le ha costado mucho, sobre todo en los últimos años: impuestos, demoras en los pagos, y las dificultades económicas que atañen al país han puesto más de una vez piedras en el camino. Sin embargo, no se ha dado por vencida: “Yo no puedo bajar los brazos, porque este proyecto tiene que seguir funcionando”.

 

Ver la nota completa de Paola Alé para Diario Uno